El sábado, al paso por Cariñena, me apeo del coche, mi familia continúa el viaje y yo lo haré en bici, con unos 100 kms por delante. Salgo de Cariñena en dirección Daroca. La nueva autovía recién inaugurada absorbe casi todo el tráfico y la antigua nacional se queda para vecinos y ciclistas, buen asfalto y mucha tranquilidad.
Después de unos kilómetros suaves para calentar, corono el alto de Paniza
un puerto suave que con 330 mts de desnivel no le alcanza para ser CIMA, pero es muy bonito de paisajes, a la izquierda la autovía pasa sobre un gran viaducto, a la derecha, a lo lejos, se ven las antenas de otro CIMA, Valmadera...
La carretera no baja, sino que llanea, por encima de los 900 mts, hasta que después de un corto repecho, alcanzo otro cartel de puerto, Puerto de Huerva, 944 mts, ahora sí que la carretera baja algo, muy suave. Unos kilómetros llanos, con largas rectas, hasta el cruce de Retascón. Comienza un descenso más acusado, donde el 9 y el 8 desaparecen de las centenas de mi altímetro.
Entro en Daroca pasando junto a un secadero de jamones (ver foto)
y tras cruzar unas calles empedradas, salgo por la puerta preciosa que cruza la muralla
Paso junto a la fuente de los 20 caños, donde lleno el bidón; cruzo el río Jiloca y las vías del antiguo ferrocarril, hoy abandonado, de Calatayud a Caminreal. Al poco, llego al cruce que deseaba ver
Me llevo una alegría al verlo recién asfaltado. Cuando pasé por aquí hace unos meses, lo vi con el firme de tierra, estaba en obras. Los pocos kilómetros que quedan hasta el pueblo me van a enseñar distintos nombres en las señales. En éste dice VALCONCHÁN, con 'v' y 'n'.
Después de unos kilómetros suaves, llego a un cruce donde figura BALCOCHÁN, con 'b' y sin 'n'.
Y a la entrada del pueblo, lo llaman BALCONCHÁN, con 'b' y con la 'n'. Curioso. Pero aún más curioso me resulta un cartel triangular que hay la lado que dice 'Peligro, niños en bicicleta'.
Yo no vi ninguno y me quedé con las ganas de saber si era peligrosos porque podían atropellarlos, o los peligrosos eran ellos y los demás debíamos ir con cuidado...
Al salir de las calles del pueblo, el asfalto es el que siempre era: botoso, gastado y muy parcheado, pero perfectamente ciclable. Comienza la ascensión más continuada, suave, muy llevadera, y con el 39x21. Se va ganando altura, para contemplar campos amarillos, casi otoñales.
Sólo en los dos últimos kilómetros se endurece algo la carretera, con una serie de curvas tan enrededadas que parece que el ingeniero de carreteras no sabía muy bien para dónde tenía que tirar.
Llego al alto, sin cartel de puerto, donde el altímetro me indica 1.190 mts. En toda la subida no he visto ni un sólo coche.Le hago una foto a la bici,
y para abajo, un descenso muy suave también, hasta la carretera que viene de Santed.
El resto, los 50 kms restantes hasta casa, no tienen más historia para este foro...
El domingo hago la inversa. Esta vez salgo yo en bici por delante, y más de una hora después saldrá mi mujer a alcanzarme, en nuestro regreso a casa. En mi camino, rodeo el embalse de La Tranquera, y después de un pequeño alto llego a Calatayud. Cruzo sus calles con gente bulliciosa y mucho tráfico (es domingo), hasta encontrar la salida hacia Embid de la Ribera.
La carretera se vuelve preciosa y disfruto pedaleando. El río Jalón se encaja, abriéndose paso entre las montañas. Los frutales llenan las riberas, cruzo Embid, Saviñán, y llego a Morés, donde oficialmente empieza el puerto CIMA.
Después de cruzar un túnel, llego al cruce donde giraré a la izquierda.
Empiezan las primeras rampas, algo duras en torno al 6% pero que acaban en Sestrica, donde un tramo llano permite relajar piernas. A la salida de este pueblo, reanudo la ascensión, ya sin pausa hasta el final.
Voy ganando altura, predominando las rectas con ligeras curvas, y llego hasta algo curioso, una especie de visera antialudes mezclado con una puerta de entrada a no sé qué recinto ferial.
Sin saber muy bien qué es lo que he cruzado, sigo subiendo, poco a poco aumenta la pendiente, mi mujer me alcanza en medio de la parte más bonita de la ascensión. Tras una curva, veo las casas viejas de Viver de la Sierra, en lo alto de un cerro. Esto se acaba. El tráfico es inexistente, el tercer plato lo llevo de adorno, y una última rampa me mete en el pueblo, donde el asfalto pasa a ser cemento, las calles se estrechan, por lo que decido que he llegado, me doy media vuelta y me hago la foto pasando junto al cartel del pueblo.
Una de las facetas que más me gustan del reto CIMA es que con la excusa de llegar a los altos propuestos, estoy descubriendo nuevos paisajes y nuevos lugares, algunos tan cerca de casa y que ni conocía. Viver de la Sierra me ha gustadp mucho.
Cuando bajaba hacia Morés, donde subiría la bici al coche, pensaba en nuevos retos, en nuevas CIMAs. Zaragoza está completada, hay que mirar hacia otra provincia.